jueves, 4 de julio de 2013

Capítulo 3

    Estuve cabalgando en aquel caballo hasta que llegó la noche y decidí que era hora de tomar algo. Había encontrado una alforja con comida en un lado de la silla de montar. Tomé una de las manzanas y me la tomé apoyada en el caballo, que se había tumbado en el suelo. Así pase la noche hasta que a la mañana siguiente decidí que tenía que  ponerme en marcha. Saqué el mapa que me había dado mi madre y vi que debía atravesar toda la cadena de montañas y llegar a un pueblo recóndito en el que me encontraría a salvo. Esperé a que hubiera  un poco más de luz. Entonce, subí al caballo, que gruñó por tener que ponerse en marcha tan temprano, y empecé a recorrer un camino escarpado que se encontraba al borde de un acantilado y se internaba poco a poco a través de las montañas.
  Así pasaron tres días cabalgando y cada vez más agotada. Además, poco a poco me quedaban menos reservas de comida, aunque intentaba comer poco para que no se agotaran muy rápido, llegó un momento en que me quede sin nada y, no sé si sería cosa del destino, pero justo el día en el que más hambrienta me encontraba, a punto de colapsar, me encontré con un pueblecito abandonado que parecía haber sido arrasado porque las cinco casas que formaban el pueblo estaban quemadas  y unos cuantos muros se habían venido abajo.
  Me bajé del caballo y lo até a un póster. Después, entré en la casa que tenía más cerca  y lo que vi me dejo atónita: una enorme marca exactamente igual a la mía estaba grabada en la pared al lado de un cadáver o eso creía yo.
  Me acerque al cadáver y descubrí que no estaba muerto, ¡aún respiraba!. Lo lleve a fuera, lo acosté en el suelo y le puse una oreja en el corazón para ver si aun respiraba  y, exactamente, aun le latía, pero muy lentamente. También me percaté de que tenía el cuerpo muy frío por lo que me quite la manta que llevaba y se la puse. Cuide de él toda la noche hasta que al día siguiente abrió los ojos  y miró de un lado a otro, pero no dijo nada.
- ¿Te encuentras bien? ¿Tienes frío?- le pregunté muy preocupada.
  No me respondió, aunque se movió dentro de la manta.
- No te muevas- le ordené- Anoche me di cuenta de que tenías una herida  muy fea en el abdomen.
  Dejo de moverse y me prestó gran atención como si fuera la primera vez que veía a alguien en mucho tiempo. Después de un rato, en el que no dejo de mirarme, volvió a cerrar los ojos y no los volvió a abrir hasta una semana después. Mientras tanto, yo encontré un arco escondido entre un montón de matorrales con el que, después de mucho esfuerzo, aprendí a cazar.
   No fue nada fácil porque la herida que tenía aquel chico en el abdomen había empeorado, pero conseguí mantenerlo con vida con las recetas medicinales que mama me había enseñado y el extraño  poder del agua que  había encontrado en un pozo cercano.     Cuando pasó aquella semana de infierno y tranquilidad a la vez, seguí dándole de beber aquella agua cada día  y con el tiempo  comenzó a recuperarse con gran rapidez. Cuando estuvo lo bastante recuperado como para hablar le pregunté:
-¿Sabes qué ha ocurrido aquí?
  Otra vez no me respondió, pero esta vez parecía muy desconcertado como si no supiera donde estaba por lo que reformulé la pregunta:
-¿Recuerdas algo?
  Sacudió la cabeza en señal de negación y dijo con acento raro:
-¿Quién eres tú? ¿Qui..quién soy yo?
  Me paré a pensar un rato y termine diciendo:
- Parece que has perdido la memoria. ¿Recuerdas al menos tu nombre?
- No, no consigo recordar nada.
- Era de esperar- suspiré- Entonces tendremos que ponerte uno. ¿Qué te parece Erion? 
-¡Erion! Me gusta como suena- contestó frotándose la barbilla.
-Bien, Erion. Yo soy Meyren y tengo que llegar a un lugar.
- Meyren- dijo señalándome. Luego se señalo a si mismo y dijo- Yo soy Erion.
-Jejeje, ya lo sé. Bueno, como no recuerdas nada no te puedo dejar aquí por lo que vendrás conmigo, pero antes esperaremos a que te recuperes del todo.
  Y así transcurrieron los días. Poco a poco Erion se recuperó cada vez más y, aunque no podía cazar,  me ayudaba con lo que podía. Cuando pudo levantarse  y caminar le llevé a la casa donde lo había encontrado, porque Erion me lo había pedido. Una vez allí me dijo que lo dejará en el suelo y  empezó a desenterrar lo que parecía una enorme espada.
-¿Cómo sabías que eso estaba ahí?
- No tengo ni idea, pero sentía que algo aquí dentro me llamaba.
-¡Pues hay que ver!- exclamé sonriendo.
  Pocas horas después, partimos a donde debía dirigirme. Como Erion aún estaba débil fue montado en el caballo mientras yo iba andando. Tardamos un mes entero en llegar al lugar marcado y durante ese tiempo Erion y yo nos hicimos grandes amigos, aunque él no recuperó su memoria. También descubrí que en mis sueños no estaba el chico siniestro que me había marcado sino que el sueño se había reinvertido. Ahora era yo la guerrera que con una enorme espada, igualita a la que Erion había desenterrado, luchaba contra los monstruos que me perseguían, aunque no me hacía gracia matar a nadie.
  Llegamos al lugar marcado y, donde se suponía que debía haber un pueblo, encontramos un pueblo arrasado  de un lado a otro. Había numerosos cuerpos de personas difuntas apiladas en el suelo y los pocos que habían sobrevivido se escondieron al vernos llegar. Aun así, nos acercamos al pueblo, completamente horrorizados, pero con la necesidad de ayudar a aquella gente que tanta ayuda necesitaba.

2 comentarios:

  1. Acabo de nominarte a un premio en mi blog. :D

    Saludos y despedidas. ~

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  2. Hola, me gusta mucho tu blog. Por eso te he nominado al premio Dardos. Míralo aquí: http://eldesastredemaria.blogspot.com.es/2015/04/premio-dardos.html#more

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